Vienes 18 de abril, a las 17h en el almacén del grupo, allí bajo la lluvia espero a que llegue Esther, al final la veo con una mochila enorme, ¡pero si solo nos vamos dos días!.
Tras esto, directos a la empresa de alquiler de coches, el hombre del mostrador nos mira y nos dice: "no tengo el modelo que reservasteis, solo nos queda esto", y como esto se refiere a un precioso Volvo recién sacado del concesionario (unos 300 km en el contador). La verdad es que no nos lo pensamos mucho, nos ponemos a firmar papeles, ampliar el seguro contratado (no es lo mismo llevarnos este Volvo que el Altea que teníamos contratado), y arrancamos para buscar al resto del equipo.
Mientras tanto Javier en la puerta de su casa se empieza a desesperar, cuando llegamos a recogerle llevamos ya media hora de retraso sobre el plan previsto, y aun no sabe lo mejor, y es que tenemos que pasar a recoger a Gejo a la universidad, con lo que no podremos salir hacia Cantabria hasta las 18'30h mas o menos.
Recogemos a Gejo en el campus de la universidad Politécnica en la carretera de Valencia, estamos dando una vuelta completa a Madrid, ya estamos todos, así que ponemos rumbo a la carretera de Burgos, con suerte no tendremos que hacer paradas hasta Sotopalacios.
En Sotopalacios paramos a tomarnos un pincho y a pasar por el baño. Cuanto mas al norte nos dirigimos menos fuertes son las lluvias, si todo sigue así, cuando lleguemos a las montañas hará hasta bueno.
Sobre las 0h, pasamos por delante de la carretera del campamento de Puentenansa, Gejo nos cuenta alguna anécdota curiosa del Raid de manada en el que hizo el servicio Rover ese año, hemos dado un buen rodeo para evitarnos las carreteras de montaña, pero según el GPS ya estamos casi en Río, donde pasaremos noche.
Entonces la "única carretera" aparece cortada por obras, unas flechas amarillas nos indican el desvío que tenemos que seguir, y nuestro GPS deja de ser útil, no hace mas que indicarnos que vamos campo a través, cuando en realidad vamos por una carretera estrecha que da la vuelta a la montaña.
Es mas de la 1 de la madrugada cuando entramos en Río, una pequeñísima aldea cántabra donde nos han prestado una casa para hacer noche, hace un poco de fresco y confiamos en que la mujer que nos guarda las llaves de la casa esté esperándonos, la casa de la mujer parece apagada, pero tras llamar aparece sonriente junto a su hija pequeña, no sabe muy bien quienes somos, por lo visto no la habían avisado de nuestra llegada, tras decirle quien soy, se acuerda de mi, me pone al día de las novedades y me da las llaves.
Una vez en la casa, cenamos y a la cama.
Sábado 19, nos levantamos prontito, queremos desayunar fuera de casa para no mancharla mas de la cuenta, nos duchamos, barremos y recogemos las cosas. Vamos a la casa de la vecina para devolver las llaves, la acaban de llamar para decirla que vamos para allá :-). Por lo visto en Madrid llueve, aquí en Cantabria hace hasta bueno. Y tras esto ponemos rumbo a un cruce en la carretera pasado Cabezón de Liebana. Allí hemos quedado con nuestro contacto a las 11. Cerca de ese cruce hay una especie bar, aparcamos y aprovechamos a desayunar hasta que llegue la hora.
En ese momento aparece un hombre andando con unos zuecos de madera, -¿Sois los del campamento?, esta aquí mismo.
Damos la vuelta a la curva y entramos en un terreno enorme, es sin duda el mas grande que hemos tenido en muchos años, miedo me da preguntar por el precio :-). Esther le comenta que lleva unos bonitos zapatos a lo que responde con un directo "esto es lo mejor". A partir de ese momento, Esther decide no comentar mas acerca del atuendo del hombre.
Vamos andando por el terreno, descubrimos que tiene agua potable, cosa que no esperábamos y que si nos había parecido grande en un principio, ahora resulta que es enorme, porque el terreno incluye otros dos terrenos accesorios.

Mientras que Javier, Gejo y Esther miran las peculiaridades del terreno, empieza la negociación del precio, desde una cantidad totalmente impagable hasta una similar a la que pagamos en el Pirineo (algo menor porque no tiene instalaciones).
Tras esto, el paso por el terreno, e infinidad de fotos, firmamos los permisos, damos una señal y ponemos rumbo a Potes.
Al llegar a Potes, la idea es mirar que nos puede ofrecer el pueblo y comprar algún recuerdo, y eso hacemos, con la salvedad de que mientras que los chicos compramos quesos y sobaos, Esther decide comprarse un enorme jarrón de barro para su nueva casa, a duras penas entran las cosas en el maletero del coche, así que tenemos que optar por llevar el jarrón en el asiento de atrás.
Y tras esto ponemos rumbo a Madrid, con parada obligada en Sotopalacios para comprar morcillas y para comer en la estación de servicio en la que paran todos los autobuses que suben para Cantabria.
Sobre las 19:30 llegamos a Móstoles y tras informar a nuestros compañeros scouters del resultado de nuestro viaje, nos dirigimos a la empresa de alquiler para devolver el coche.
Ahora empieza la fase de papeleos, permisos, propaganda y demás.